El misterioso caso del químico aguado

Creo que he contado en alguno de mis relatos que cuando era más joven tuve la suerte de conocer al eminente Dr. John Hamish Watson descubridor de varias terapias contra la malaria, pero que sin embargo ha pasado a los anales de la historia como el inseparable compañero de fatigas del gran Sherlock Holmes.

Me encontraba pues en uno de mis múltiples viajes de negocios por el viejo Londres cuando decidí ir a visitarlo a su casa de Whitehead’s Grove, donde me obsequió con un delicioso té Earl Grey y con una de sus múltiples aventuras con tan afamado detective.

No sé por qué Sir Arthur no tuvo la gentileza de narrar esta historia. Según Watson fue porque Holmes la resolvió casi al instante. No obstante me parece genial y he tenido el gusto de compartirla con ustedes.

Corría el mes de mayo de 1890 y la policía de Scotland Yard había solicitado que Mr. Holmes se dirigiera a la Universidad de Londres con suma presteza. En concreto al Despacho del Catedrático en química el Dr. Applecott. El Dr. Applecott se había hecho muy conocido por sus investigaciones en el campo de la bioquímica, además era muy apreciado por sus alumnos que le tenían un gran afecto. Pero para su desgracia su cuerpo había sido hallado sin vida en su despacho aquel mismo día.

Cuando Holmes y Watson llegaron el inspector Lestrade les espetó que su visita iba a ser mas de cortesía que necesaria, puesto que según el forense todo apuntaba a un ataque al corazón. La lividez del cuerpo y la postura de este así lo indicaban.

Entonces, ¿para qué nos han llamado? – Pregunto el Dr. Watson con curiosidad.

La escena del crimen me resulta algo sospechosa. – Respondió un hombre trajeado del otro extremo de la sala.

Se presentó como el Sr. Mamphred. Rector de la universidad.

El Dr. Applecott solía quedarse hasta tarde por las noches trabajando en su despacho. Y esta mañana su asistente personal le ha encontrado tal y como esta ahora. Y fíjense que encima de la mesa hay seis jarras, algunas de ellas llenas de agua.

Holmes miró al hombre con mirada inquisitiva.

Conozco al Dr. Applecott desde hace más de 40 años – Prosiguió – Y pocas veces le he visto beber agua si no era para acompañar un buen vaso de ginebra. Ademas está el Dr. Thomson…

Según el Mr. Mamphred el Dr. Applecott estaba enemistado con otro de los ilustres bioquímicos de la universidad. El Dr. Thomson. Se suponía que el Dr. Applecott debía dejar su cátedra este mismo año como suele ser habitual en la universidad cuando un catedrático llega a la insigne edad de 80 años. No obstante su pasión por la enseñanza le pudo y decidió continuar mientras su salud, que según todos era buena para un hombre de su edad, se lo permitiese.

El Dr. Thomson que era el sucesor lógico, no se tomó muy bien este plante y juró delante del Dr. Applecott en una discusión, presenciada por varios testigos, que se acabaría arrepintiendo.

Para más inri al Dr. Thomson le habían visto salir del despacho poco tiempo antes de encontrar al Dr. Applecott. Según testigos iba corriendo hacia una clase donde debía proceder a realizar un examen a sus alumnos. Y durante el registro se le había encontrado un arma cargada.

Pero puesto que el Dr. Applecott había muerto de un ataque cardíaco poco parecía tener que ver una cosa con la otra.

Holmes miró detenidamente la escena del crimen.

Imagino que no se han encontrado restos de venenos en el agua o en las jarras.

Así es – contestó el inspector Lestrade – También hemos registrado el despacho del Dr. Thomson y tampoco hay nada. Además dado el poco tiempo no creo que se haya podido deshacer de nada incriminatorio. Y los alumnos juran que no le vieron tirar nada.

Interesante – susurró Holmes.

Holmes se agachó y tocó la alfombra de la estancia.

Parece que está húmeda. Es más hay un reguero de agua del grifo hasta la mesa con las jarras.

Es como si hubieran rellenado varias veces estas mismas jarras.

Se acercó al cuerpo, lo observó con detenimiento y dijo

Esto es más interesante aún.

Watson se acercó al cuerpo y vio como la camisa del Dr. Applecott estaba empapada.

Creo que todo encaja – dijo Holmes mientras encendía su vieja pipa de caoba y marfil.

¿Encaja con qué? – dijo el inspector con sorpresa

Holmes sonrió.

En este crimen tenemos de todo. Un asesino: el Dr. Thomson, una víctima: el Dr. Applecott, un móvil: la enemistad por el robo de la cátedra y un arma homicida.

¡Pero si la pistola no se ha usado! – dijo aún con sopresa el inspector Lestrade.

Mis queridos amigos no es la pistola el arma homicida. !Sino el agua!

Aun con mayor sorpresa se miraron todos los asistentes de la sala.

Según Watson una autopsia posterior determinó que el estómago y los intestinos contenían una cantidad excesiva de agua, eso unido a un rudo interrogatorio por parte de Holmes hizo el resto. El Dr. Thomson confesó casi sollozando. Y es que, Holmes ademas de ser el mejor detective de la historia era un fenomenal interrogador que conocía perfectamente la psicología del criminal.

Yo aun me encontraba tomando mi té con cara de incredulidad y de no entender lo que había ocurrido.

Watson rió y dijo:

Hasta que el Sr. Holmes no me explicó lo ocurrido yo también tuve esa cara.

Watson procedió a narrarme los hechos tal y como lo hizo Holmes en su día.

El Dr. Thomson se dirigió a última hora de la noche al despacho del Dr. Applecott donde sabía que estaría aún trabajando. En sus manos llevaba las seis jarras y en su bolsillo un arma.

El Dr. Applecott le dejo pasar sin sospechar nada. Al dejar las jarras en la mesa sacó el arma y ordenó al Dr. Applecott que las llenara una a una y que comenzara a beber. Cuando hubo acabado todas las jarras le ordenó que las llenara otra vez y que volviera a beber. Este proceso debió durar varias horas, más de las que esperaba el propio Dr. Thomson puesto que llegó tarde a su examen. Durante las llenadas de las jarras, parte del agua se debió verter en la alfombra y de tanto beber el pobre Dr. Applecott se empapo a sí mismo.

Así hasta que ocurrió lo inevitable. Beber mucha agua puede producir desequilibro del potasio, elemento indispensable para el latido del corazón y que puede provocar un paro cardíaco. Con la cantidad de agua que debió beber el pobre Dr. Appletcott esto fue lo que ocurrió.

Muerte por desequilibrio de electrolitos – mascullé mientras acababa mi té – Increíble.

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El misterioso caso del químico aguado by Mr. Spelcinton is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 3.0 España License.
Based on a work at mundoraruno.wordpress.com.

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~ por Mr. Spelcinton en 7 diciembre 2009.

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